Conocido por ser uno de los primeros instrumentos musicales desde el principio de los tiempos cuando a un troglodita le dio por golpear un tronco hueco con un palo, el tambor tiene un innegable sitio en la historia. Hoy en día existen infinidad de tambores, de diferentes formas, tamaños, materiales y utilidades.
Durante siglos, los tambores se usaron en el campo de batalla, y uno de esos tambores de guerra, la caja, es la que particularmente nos interesa en esta entrada y sucesivas referidas a este tema. En particular nos vamos a centrar en el uso de esos tambores, especialmente cuando se tocan como acompañamiento para otros instrumentos, como por ejemplo la gaita, y mas específicamente en bandas militares, y bandas de desfile Escocesas e Irlandesas, además de en la música Asturiana.
Con el casco de bronce o de madera con sistema tensor de cuerda, históricamente se usaba para amplificar las ordenes de batalla, castigo o incluso ejecución. Es en este terreno militar donde los tambores se utilizan por primera vez para acompañar a la gaita. Se comenta que fue en la batalla de Waterloo, donde al escuchar el sonido de las gaitas de un regimiento de las Highlands, tamboriteros del Regimiento de Cheshire empezaron a marcar el ritmo de la marcha. Si este comentario es cierto, podemos datar en esta fecha el nacimiento de las bandas de gaitas modernas.
Este tipo de tambores fueron los que usaban todas las bandas de gaitas hasta aproximadamente 1930, tambores de cuerda, llamados así porque para tensarse se bajan los apretones de cuero que hay en la cuerda de manera que se acorta el recorrido de esta y provoca que los dos aros se aproximen inapreciablemente al ojo, pero provocando la tensión de los dos parches por igual. Había modelos con casco de de bronce, pero la mayoría contaban con un casco de madera, como describí anteriormente, y los bordones eran entre ocho y doce pegados al parche inferior o bordonero llamado así por esta razón.



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